¿Quién dijo virgen?
8 feb 2010 Blog Sexo, Educación Sexual, Mujeres, Virginidad, pareja, sexo y Historia, sexualidad
La virginidad de la mujer, cómo no, ha estado provista de un misterio sin igual. Ha sido causa de un gran número de malentendidos y motivo de mitos y leyendas. También ha producido un sinfín de víctimas y atrocidades en la historia de la humanidad.
¡Cuánto peso ha tenido en nuestra cultura la pretensión de que la mujer llegara virgen al matrimonio, llueva, truene o relampaguee! Fatiga sentimos tan sólo de escribirlo. Conscientes de que vivimos a principios del siglo XXI, nos abruma descubrir que todavía puede ser un tema de interés. En los años 70 se oía aquello de: “La virginidad es una enfermedad ¡Vacúnate!”. Y en el 2006 se oferta cirugía reconstructiva del himen. El caso es dogmatizar; obligar con la norma; que no se pueda elegir. Por lo visto las usuarias de la cirugía, son mujeres con necesidad social de establecer un matrimonio, basado en este condicionamiento ancestral. Parece mentira que todavía haya gente pendiente de dichosa membrana.
Sin lugar a dudas, la virginidad es −sobre todas las cosas− un concepto. Y resulta necesario −a estas alturas de la historia− revisarlo de cabo a rabo. Está tan cargado de ideas y creencias erróneas, juicios morales y de valor, prejuicios y malentendidos, que todo lo que comentemos al respecto será poco.
Por otro lado, si partimos de la base de que para muchas personas la virginidad equivale a un himen intacto ¡Hecha la ley, hecha la trampa! ¿Quién ha dicho que para ser virgen hay que abstenerse de prácticas sexuales? (Os referimos a nuestro texto sobre el sexo anal, entre otras posibilidades de placer sexual).
Un himen intacto es −en muchos casos− algo más teórico que práctico. Hay mujeres que −según este concepto− nunca han sido vírgenes. La razón de ello es que han nacido sin himen −o con un himen muy incipiente o muy amplio, según lo miremos; es decir, un himen muy delgado o muy abierto, casi imperceptible−.
Cada vez nos llegan más testimonios de mujeres que no han sangrando en su primera vez. Nosotros pensamos que si la mujer está relajada, si desea —y no teme− la penetración, y, sobre todo, si su cuerpo está preparado por un adecuado preámbulo amoroso −lo que supone una buena lubricación y dilatación vaginal− cabe la posibilidad de que la mujer no sangre, o sangre muy poco, salvo contadas excepciones.
Nos gustaría mucho conocer vuestras experiencias y opiniones sobre este tema, del que —en nuestra opinión− se habla más de lo que se sabe.
M. Pérez, J. J. Borrás y X. y Zubieta
Contenido proporcionado por: Sexólogos Valencia y Psicólogos Valencia Publicado en elmundo.es. Ilustración: Ricardo FumanalTags: Blog Sexo, Himen intacto, Historia, Ideas y creencias erróneas, La primera vez, Nacer sin himen, Penetración, Placer sexual, sexo, Sexo anal, sexo joven, sexo y Historia, sexologia, sexologos, sexualidad, Virgen, Virgen hasta el matrimonio, Virginidad, Virginidad de la mujer
Práctica del sexo anal
17 dic 2009 Blog Sexo, Placer, Sexo anal, sexo

La práctica del sexo anal requiere de una buena lubricación. Y, en un plano personal, es más satisfactoria si hay una sólida base de mutua confianza en la pareja. Cabe recordar que −como en cualquier práctica sexual− nadie debe sentirse obligado a realizar el coito anal sólo porque su pareja se lo pida. Para que el sexo sea placentero es indispensable que se trate de una elección propia y personal. Además, insistimos en que siempre se tomen las medidas necesarias para que sea seguro −el uso de preservativo, especialmente entre desconocidos−.
El sexo anal es una actividad que requiere de un poco de paciencia, por lo menos al principio, porque tiene lo suyo. Para garantizar que resulte placentera, la persona penetrada debe haber evacuado antes. Así, la última parte del colon estará libre y su estimulación será gratificante. Un lavado con agua y jabón en esta zona siempre se agradece.
El ano no está diseñado para ser penetrado y por ello es necesario relajarlo. Es importante dilatar el esfínter anal lentamente y con mucho lubricante. El ano, a diferencia de la vagina, no se autolubrica; necesita alguna una crema o gel lubricante −de base acuosa si se utiliza preservativo−. Lo mejor es empezar con la introducción de un dedo para que el orificio se vaya adaptando. Tras algunos intentos y un poco de jugueteo en la zona, podemos pasar a introducir dos dedos. Cuando sintamos que el ano está suficientemente relajado, podemos introducir el pene.
La penetración ha de ser de forma suave, cuidadosa y paulatina. Retírate si tu compañera −o compañero− refiere un dolor que no tolera, si encuentras fuerte resistencia o si sencillamente no hay placer. Es aconsejable que la persona ‘que recibe’ sea quien controle el ritmo y la profundidad. Inicialmente, quien penetra no debe moverse muy enérgicamente −como ocurre durante el coito vaginal−, para evitar el riesgo de dañar algunos tejidos muy delicados.
M. Pérez, J. J. Borrás y X. y Zubieta
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Juegos traseros
15 dic 2009 Blog Sexo, Juegos sexuales, Placer, Sexo anal
Cerca de un 50% de las parejas heterosexuales lo han probado por lo menos una vez, según diversas encuestas. Como ya hemos dicho en otras ocasiones, el ano −al igual que la vagina− cuenta con innumerables terminaciones nerviosas altamente sensibles.
Las estadísticas resultan curiosamente alentadoras. Indican que este tipo de práctica goza de una cierta popularidad en nuestra sociedad. También observamos −para ser justos− que el sexo anal sigue siendo un tabú. Hay quienes lo consideran algo sucio, perverso y antinatural.
Puede consistir en un simple masaje por la zona perianal −se puede estimular el ano de la pareja durante el coito o mientras se manipulan sus genitales−. Es también una variante del coito, en la que el pene se introduce por vía anal. Además está el método bucogenital conocido como ‘rimming’ −masaje oral en la zona del ano−. Esto se realiza tanto en relaciones heterosexuales como homosexuales.
Durante siglos se denominó ‘sodomía’. Dicho término fue derivado de la Biblia: Sodoma es la ciudad mítica que, junto a Gomorra, fue destruida por Jehová debido a sus desenfrenos sexuales. El sexo anal ha sido considerado ‘contra natura’ por cuestiones religiosas. En ese contexto sólo el sexo con fines “puramente” reproductivos ha sido considerado natural. Ahí, todo lo que se sale de esos cánones es tachado de pecaminoso. Se dice, por ejemplo, que los pactos con el demonio eran sellados por medio del coito anal o de un beso en el culo −beso negro−.
Tampoco ha faltado la paja en el ojo ajeno. Algunos países atribuían el origen de dicha práctica a sus vecinos: los franceses hablaban del ‘vicio inglés’, los ingleses del ‘vicio francés’, los árabes del ‘vicio persa’ y viceversa… ¿Te suena aquello del ‘vicio invertido’?.
Las opiniones acerca del sexo anal son muchas y variadas, e incluso encontradas y contradictorias. Hipócritamente se ha empleado esta práctica para preservar ‘la virginidad’. También se ha utilizado a lo largo de la historia para evitar embarazos no deseados.
Incluir el ano como fuente de estímulo erótico es una opción, pero como toda práctica sexual placentera, debe ser siempre elegida y nunca fruto de imposición. El sexo anal, además, tiene su técnica. Mañana seguiremos hablando del tema y podrían ser ilustradoras vuestras propias experiencias.
M. Pérez, J. J. Borrás y X. y Zubieta
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