Ser o no ser en la cama
23 feb 2010 amor, Blog Sexo, pareja, Salud y Sexo, sexo
El conocimiento y la aplicación de ciertas técnicas pueden ser de gran ayuda para mejorar nuestras “habilidades amatorias”. Sin embargo, es improbable que exista alguien que sea el amante perfecto con todo tipo de personas y sin importar las circunstancias. No todos compartimos los mismos gustos y aficiones. Lo que para algunos es excitante, a otros puede dejarles fríos −y viceversa−. Tal generalización resulta demasiado aventurada. Desengañaros la perfección no existe, y su búsqueda compulsiva genera neurosis.
Un mensaje lanzado por los medios de comunicación −y por parte de algunos de los denominados “expertos en el sexo”− es que el amante ideal siempre hace el comentario adecuado en el momento correcto. Que es alguien que puede convertir cualquier espacio en un lecho y cualquier encuentro en una experiencia inolvidable de placer sexual.
No obstante, las relaciones sexuales tienen mucho que ver con la química existente entre las personas en cuestión. Podrías −por ejemplo− encajar en la idea que alguien tiene de un o una amante ideal. Pero, con otra pareja —aun realizando el mismo tipo de actividades y prácticas; incluso siguiendo exactamente la misma rutina sexual—, el resultado sería completamente distinto. Más fácil es saber si somos buenos y buenas amantes. Hay una forma de descubrir lo que piensan tus parejas −pasadas y presentes− acerca de sus relaciones sexuales contigo. Atrévete a preguntarles —o a contestarles—. No sugerimos que sea en medio del encuentro sexual —ni justo antes—. Elige una hora y un lugar adecuados. Tienes que estar dispuesto a escuchar cosas que pueden poner a prueba tu auto-estima o auto-concepto —para bien o para “mal”—. La experiencia puede ser muy estimulante en sí misma, a la par que constructiva, si se hace bien.
Para que una relación sexual funcione y sea placentera es necesario que las personas implicadas consigan conectar. Que haya suficiente receptividad y que sean ellas capaces de percibir lo que resulta agradable para la otra persona. Recuerda que lo que estimula a una persona puede ser lo que apague la pasión de otra. En fin, comunicación, esa es la clave.
Pregunta a tu pareja qué opinión tiene de tu modo de hacer el amor y −si acaso− que le gustaría que hicieses de otro modo. ¿A ti qué te enciende? ¿Y qué te apaga?
Autores: Dra. María Pérez Conchillo, psicóloga clínica y sexóloga; Dr. Juan José Borrás Valls, médico sexólogo y psicoterapeuta; y D. Xud Zubieta Méndez, psicólogo sexólogo. Profesionales del Instituto de psicología sexología y medicina sexual Espill.
Ilustración: Ricardo FumanalTags: amante ideal, amantes, amor, Cama, expertos en sexo, Gustos y aficiones, no ser, parejas, ser, sexo
La resaca de San Valentín
15 feb 2010 amor, Blog Sexo, pareja, regalos
Mucho se habla del día de San Valentín y muy poco de sus secuelas. No conocemos cifras pero, por nuestra experiencia clínica, podemos intuir que la semana posterior a San Valentín es la del desencanto. Es una fecha que supone una prueba de amor y no todas las parejas son capaces de pasarla.
Decir te quiero —hablar de amor— alude implícitamente al compromiso. Si ya es difícil sincronizar los relojes del deseo entre las parejas, sincronizar los de la pasión amorosa parece aún más complicado. Las expectativas, necesidades y deseos de cada uno pueden ser diametralmente opuestos; y esta disparidad puede volverse obvia en San Valentín. Las relaciones incipientes parece que tienen que pasar una difícil revalida: ¿Se me declarará? ¿Debemos celebrarlo, o todavía no toca? ¿Si no le digo nada, pensará que no me interesa? En fin, un tortuoso dilema para muchas parejas.
Por otro lado, para las parejas ya establecidas no es nada fácil acertar: uno de los dos ha buscado con ilusión el regalo, mientras que el otro puede haberlo olvidado. No obstante, esto no tiene por qué corresponder con la intensidad de los sentimientos. Hay gente muy preocupada por la apariencia, por guardar las formas, por cuidad cada detalle. También hay quienes pasan de esas historias, pero que son excelentes amantes y personas muy leales. No hay que sacar las cosas de quicio. La intensidad de cómo se vive San Valentín no tiene que ser la medida del amor.
Cada uno tenemos una forma de amar y un lenguaje propios. No podemos esperar que todo el mundo los comprenda. Puede que deseemos un San Valentín con flores, una cena romántica y que nuestra pareja advine lo que queremos. Porque si se lo contamos, entonces ya no tendría gracia ¡Vaya fantasía!
Pensamientos irracionales como éste son más frecuentes de lo que imaginamos y generan mucho malestar e inseguridad. Por eso siempre recomendamos que, además de aprender a expresar nuestros deseos y de cómo nos gusta que nos enamoren, hay que saber identificar y valorar las muestras de afecto que nos ofrecen ¿Qué hace él o ella por hacer mi vida más agradable? ¿Qué le gustaría que hiciera yo?
Y si después de San Valentín llegan las odiosas comparaciones —si al charlar con gente conocida te cuenta todas las maravillas que ha hecho y los caros regalos recibidos…—, no hay necesidad de sentirse fuera de lugar ante tanto alarde de romántica publicidad. Que el día de San Valentín no te pase factura.
M. Pérez, J. J. Borrás y X. y Zubieta
Contenido proporcionado por: Sexólogos Valencia y Psicólogos Valencia Publicado en elmundo.es. Ilustración: Ricardo FumanalTags: amor, día de los enamorados, Desencanto, Deseo entre parejas, parejas, Pasión amorosa, Prueba de amor, San Valentín, Semana posterior a San Valentín
Diferentes parejas, diferentes contratos
Nuestro afán por ponerle nombre a todo, ha llegado al universo de la pareja. Encontramos que se etiquetan a parejas como liberales o convencionales por ejemplo. No existe ninguna clasificación, por decirlo así, acerca de los diferentes tipos de parejas. En todo caso, hablaríamos de “afinidades” dentro de la pareja, lo cual hace que sigan un patrón de conducta en torno a sus costumbres, educación, cultura o religión. Cada persona es diferente y cuando se unen dos personas, se hace cierta la expresión de que “cada pareja es un mundo”.
En ocasiones se tacha a parejas de convencionales porque les asignamos cierto estereotipo o de liberales, sólo porque son capaces de hablar de sexo. La realidad es que hay parejas llamadas “clásicas” que sin embargo y a pesar de lo que podríamos pensar, lo son en cuanto a su relación pero son muy innovadoras y atrevidas en el plano sexual. Y también al contrario, relaciones muy liberales en su esfera pública, tremendamente convencionales en su conducta sexual.
Al final, más allá de las etiquetas, cada pareja establece sus principios básicos, su propio “estatut”, puesto que lo que para algunas es de vital importancia, para otra puede no serlo tanto. Como ejemplo podríamos indicar la fidelidad, para muchas parejas es realmente importante que se sea fiel en la relación, cuando para otras no es lo primordial. Salir por la noche con l@s amig@s y sin pareja es otra de las situaciones en las que se encuentran muchas diferencias, como el reparto de tareas.
Como vemos es una cuestión de “contratos”, cada pareja acuerda al comienzo y durante la relación, ya sea implícita o explícitamente, lo que va a ser importante para que la relación funcione. Cuando estos contratos se rompen o no están bien definidos desde el principio, empiezan a surgir los conflictos. Conflicto no quiere decir hecatombe, en ocasiones esos conflictos pueden ser útiles para redefinir nuestro “estatuto” de pareja y así mejorar la relación.
¿Habéis establecido algún tipo de contrato con vuestra pareja? ¿Creéis que es algo que se debe hacer antes de comenzar una relación? ¿En el terreno sexual pueden ser útiles los contratos?
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