Para alcanzar el orgasmo

alcanzar el orgasmo

Alcanzar el orgasmo puede requerir un poquito de práctica, sobre todo para las mujeres, cuyos genitales están más escondidos. No obstante, la técnica es fácil y todo se reduce a toques, frotamientos y fricciones. La fricción rítmica estimula las sensaciones sexuales, tanto en mujeres como en hombres. Para ello contamos con el siguiente ejercicio:

La mujer puede colocar su mano sobre la del hombre y mover sus dedos en cualquier forma que le guste. Su clítoris —y el área sensitiva— responderá instantáneamente al toque. Ha de mover los dedos de su esposo instintiva y libremente. Debe seguir con los movimientos durante todo el tiempo en que experimente sensaciones placenteras. La finalidad es que reciba un orgasmo… y esto es, por lo general, fácilmente asequible.

Los rítmicos movimientos digitales acariciando la región del clítoris pueden ser destinados a incluir zonas adyacentes de la vagina. Esto mostrará que las dos regiones pueden funcionar como una unidad. Hay distintos medios por los cuales se puede obtener este resultado. Bastará sugerir tres de ellos.

Leer el resto de la entrada »

En busca del clítoris

En busca del clítorisDispón de una buena luz, coge un espejo e identifica las partes descritas. Para una cómoda visión del clítoris, los muslos deben estar separados ampliamente. Con dos dedos aparta los grandes labios: la caperuza de membrana mucosa quedará inmediatamente a la vista, al interior del término frontal del espacio que hay entre éstos. Puede ser suavemente echada hacia atrás por las yemas de los dedos y dentro se verá un cuerpo pequeño, liso y redondo, que brilla bajo buena iluminación. Éste es el clítoris.

Cuando todas las partes externas sexuales han sido cuidadosa y plenamente identificadas, a continuación has de comprobar que el clítoris posee una clase de sensibilidad excepcional. Es mejor hacerlo con algo distinto al dedo —éste es por naturaleza sensible al toque, y puede haber confusión entre la sensación del dedo y la de la parte tocada—. Cualquier objeto pequeño y liso servirá para el caso —el mango de un cepillo de dientes o el mango de una brocha de polvos, por ejemplo—.

El procedimiento es el de la comparación de respuestas mediante toques muy leves. Una mano separa los labios exteriores sin tocar los interiores. La otra —sosteniendo el objeto seleccionado— toca primero un labio interior, luego el otro y después el clítoris —por encima o por debajo de su caperuza—. Si los movimientos de la mano son observados en el espejo, será fácil tocar acertadamente los lugares adecuados. Pero sin espejo y buena luz no es fácil.

El efecto consiguiente es que en el instante en que el clítoris es tocado, se experimenta una sensación peculiar y característica. Ésta resulta distinta en esencia, dependiendo de toques en los labios o en cualquier otra parte. Esta diferencia no puede describirse con palabras, tiene que ser experimentada.

¿Verdad que invita a la exploración de esa zona?

Esta estupenda descripción para explorar el clítoris, la plantea la ginecóloga británica Helena Wright —pionera en el campo de la sexología— y forman parte del contenido de su libro “Más sobre el factor sexo en el matrimonio”, publicado en 1930.

Esta mujer fue una figura muy influyente en la Asociación para el Control de la natalidad y la planificación familiar del Reino Unido. Sin embargo, tan importes recomendaciones han sido ignoradas, durante muchos años, por los profesionales de la salud, que relegaron el clítoris al más oscuro anonimato. Hasta el extremo de que durante años estuvo ausente de los libros de anatomía.

¿Que os parece la descripción de la Dra. Helena Wright? ¿Por qué creéis qué sus enseñanzas han tenido tan escasa repercusión entre sus colegas? Y sobre todo ¿Se puede contar esa especial sensación, que, según la Dra. Wright no se puede describir con palabras?

Autores: Dra. María Pérez Conchillo, psicóloga clínica y sexóloga; Dr. Juan José Borrás Valls, médico sexólogo y psicoterapeuta; y D. Xud Zubieta Méndez, psicólogo sexólogo. Profesionales del Instituto de psicología sexología y medicina sexual Espill.

Ilustración: Ricardo Fumanal

¿El tamaño importa?

el-tamaño-importa “¡Claro que importa!”, afirmaba con entusiasmo una de nuestras alumnas en el máster de sexología. Se refería al pene y al placer que proporciona en las relaciones sexuales en general. Juanjo le respondía con picardía diciendo que ¡sí importa!, como también importa ser guapo o rico, o las dos cosas.

Fisiológicamente, un hombre “bien dotado” no tiene por qué ser mejor a la hora de la penetración o de cualquier otra práctica que implique al falo. En las relaciones heterosexuales, un pene modesto puede fácilmente estimular la entrada de la vagina -donde se encuentran más terminaciones nerviosas además de en el clítoris-. La verdad es que el llamado ‘punto G’, no sería más que una extensión del clítoris, pero eso ya lo comentamos otro día.

En las relaciones homosexuales masculinas, un pene tampoco necesita ser grande para estimular. Uno de gran tamaño tendrá dificultades en conseguirlo y se perderá por el recto.

De hecho, un pene muy grande y de gran grosor −digamos, a partir de los 20 centímetros de largo y con un perímetro de al menos 15 centímetros− no siempre es lo más manejable o más apetecible. “¡Todo en su justa medida!”, nos dice la experiencia −y la prudencia−. Un hombre muy bien dotado a veces no es una noticia agradable, ya que hay personas a las que un pene demasiado grande les puede llegar a hacer daño.

“Tan lejos y tan cerca”, nos comentaba graciosamente un paciente. Afirmaba que había estado con un hombre “superdotado” −algo que llevaba deseando durante años−. Su fantasía, sin embargo, se había desmoronado al ser penetrado y sufrir un desgarro anal.

Un hombre bisexual comentaba que ligaba más con hombres que con mujeres. Le resultaba más difícil llevarse a las mujeres a la cama. Y con los hombres, su miembro era demasiado grande y grueso para la penetración anal.

Quizás ésto nos desvele la clave del asunto. El tamaño del pene suele servir de moneda de cambio. Un gran falo cuenta con un importante valor psicológico, pero el placer se encuentra sobre todo en la fantasía de quien lo desea, otra cosa es la realidad de quien lo posee.

Y sobre todo, fuera complejos, ni por más ni por menos. Lo importante, como bien decís en el foro, es la persona.

¡Y que conste que el debate sobre el tamaño del pene no ha hecho más que empezar!

Por X. Zubieta, J. J. Borrás y M. Pérez

Ilustración: Ricardo Fumanal

Fuente: elmundo.es

El lenguaje del sexo

Silvia PérezHabitualmente pensamos con palabras y aunque incluimos imágenes en nuestros pensamientos e incluso ocasionalmente sonidos, olores y sabores, el lenguaje es en realidad la forma en la que analizamos y entendemos el mundo que no rodea. El sexo no es una excepción, por lo que una forma de entender como vemos la sexualidad es detenerse a ojear las palabras que usamos para referirnos a ella.

El lenguaje nos retrata y mostramos nuestra vergüenza usando eufemismos para hablar del pene nombrándolo por ejemplo como “mi cosa, pilila, flauta, churrita, colita, pito, pajarito,…” y en determinados contextos pasamos de la vergüenza a lo obsceno quizás mostrando que es así como vemos la sexualidad y usamos palabras como “polla, tranca, verga,…”. La vulva pasa por ser un infantil “mi cosa, pepe, toto, chichi, pometa…” a los ordinarios “coño, chocho, chumino, potorro”. El coito no se escapa a este trato y pasamos de hablar de “hacerlo o acostarse” a “follar o echar un polvo”.

Los ejemplos son innumerables y no hay concepto sexual o parte erógena que se libre de los sobrenombres y en realidad no debemos porque catalogar como negativo el uso de palabras graciosas u obscenas para referirnos a la sexualidad siempre que lo hagamos en contextos divertidos o como forma de erotismo. Pero es incuestionable que este tipo de palabras han proliferado como reflejo de la forma de entender la sexualidad de nuestra sociedad, por lo que parece importante usar una terminología apropiada al hablar con los menores o divulgar la salud sexual.

Que nadie se preocupe, las palabras más coloquiales las acabamos aprendiendo todos, lo que no es tan evidente es que todos conozcamos palabras tan sencillas como glande, prepucio, vulva, clítoris o vagina. De hecho ahora mismo mi Word me subraya en rojo la palabra vagina y no la palabra coño.

¿Cómo nombrabas en la infancia a tus órganos genitales? ¿Y a la masturbación? ¿Cómo te gusta nombrarles ahora? ¿Qué tipo de vocabulario te parece más adecuado?

Jose Bustamante Bellmunt

VULVA

Silvia PérezSi consultamos un diccionario de sinónimos encontraremos palabras como almeja, conejito, parrús, breva, chumino…, pero ¿qué es? Al igual que los hombres, las mujeres posemos unos genitales externos y todo el conjunto se denomina Vulva.

Si eres una mujer, te invito a que cojas un espejo y la observes conforme vayas leyendo. Si tu pareja está contigo, y os apetece, exploradla juntos y si eres un hombre y no tienes una pareja femenina, sigue el dibujo que tienes al margen.

Veamos un poco más sobre la Vulva: Coronada por una pequeña protuberancia adiposa recubierta de piel y vello púbico y con forma de triángulo invertido, se encuentra el Monte de Venus en honor a la diosa romana del amor -¿no os parece una denominación encantadora?- e inmediatamente por debajo podemos encontrar dos pares de repliegues carnosos, los labios mayores y los labios menores.

Con cuidado, abre los labios más externos, que son los que reciben el nombre de labios mayores aunque puede ser de menor tamaño que los más internos, los menores, o que sean asimétricos, de color sonrosado u oscuro… porque recuerda que cada mujer es distinta y, al igual que cada una tenemos nuestra cara, los genitales externos también son muy personales. Por debajo encontraréis los labios menores (te recuerdo que pueden sobresalir más que los mayores y ser asimétricos…), que por la parte superior (la más cercana al Monte de Venus) se unen formando un pequeño capuchón o caperuza donde se localiza el clítoris.

¿Ya tienes localizado el clítoris? Mis alumnos se sorprenden del tamaño porque oyen hablar tanto de él que se lo imaginan muy grande y en cambio es más o menos como un guisante. Otro día os explicaré su origen embrionario pero, para que os hagáis una idea, el tejido es como el del glande de un pene y como él, también aumenta de tamaño cuando se excita…vamos, que sufre una erección. Al igual que ocurría con los labios, este pequeño botón también puede tener formas distintas e incluso encontrarse dividido, de colores que van desde el sonrosado al oscuro, con un capuchón liso o arrugado, etc.

El vestíbulo es la pared o área limitada por los labios menores y en él podemos encontrar, inmediatamente por debajo del clítoris, un pequeño orificio, el de la uretra, por el que sale la orina y, por debajo de éste, otro de mayor tamaño que es el de la vagina. Algunos alumnos me han mostrado su inquietud por si se equivocan e introducen el pene por el orificio uretral: eso es imposible porque, aunque el orificio vaginal, cuando no está la mujer excitada, parece muy cerrado porque sus paredes están casi pegadas, se dilata, mientras que el uretral siempre permanece de pequeño diámetro, tanto, que no puede ser penetrado por ningún pene- por muy micropene que sea.

Alrededor del orificio vaginal se encuentran dos masas de tejido eréctil esponjoso llamado bulbo vaginal

Las glándulas de Bartholini o Bartolino, se encuentran a ambos lados del orificio vaginal, detrás del bulbo vaginal, y producen una secreción que ayuda a lubricar la zona. Como contiene, además de lubricante, feromonas, también puede tener un papel en la atracción sexual.

La zona situada entre el orificio vaginal y el ano, se denomina perineo.

¿A qué es muy curiosa la vulva?

Veamos un poquito más: Todas las mujeres tenemos un olor característico y personal que para algunas personas es agradable y para otra no, lo que nos indica que la apreciación es muy subjetiva. Sólo si el olor es muy fuerte y desagradable, puede ser un indicativo de la presencia de una enfermedad y deberemos pedir consejo al ginecólogo.

¿Qué higiene debemos seguir? La vagina se suele limpiar sola así que sólo debemos limpiar la vulva con abundante agua y un jabón suave. ¿Frecuencia? diariamente aunque deberemos incrementarla durante la menstruación. ¿Cómo? siempre desde la zona del Monte de Venus hacia el perineo y mejor con la mano. En el mercado podréis encontrar toda una serie de desodorantes íntimos pero muchos ginecólogos no los recomiendan porque pueden perjudicar al equilibrio beneficioso que existe entre los microorganismos que viven dentro de nuestra vagina (ya os hablaré de ellos otro día)

En la exploración ya habrás sentido algo pero vamos a ver qué partes se consideran erógenas. A muchas mujeres el Monte de Venus, como posee terminaciones nerviosas y debajo se encuentra el clítoris, les resultan muy placenteras las caricias; los labios mayores y menores se hinchan y cambian de color cuando la mujer se encuentra excitada, pudiendo ser muy sensibles en esos momentos e incluso llevar a la mujer al orgasmo; el vestíbulo y la apertura vaginal también contienen terminaciones nerviosas que a algunas mujeres les proporcionan placer cuando son estimuladas; y como no, el clítoris, parte de la vulva cuya única misión es dar placer a la mujer y que es el que más terminaciones nerviosas contiene, unas 8000, el doble que las que contiene el pene.

¿Cómo llaman en tu país o región a la vulva? ¿Te parece erótico el vello púbico? ¿Te resultan placenteras las caricias en el Monte de Venus? ¿Cómo son tus labios? ¿Y el clítoris? ¿Te excitó ver tu vulva o la de tu pareja? ¿Te desagrada el olor? ¿Y a tu pareja? ¿Qué parte te resulta más erógena?

Cristina G.M.

  • Otras webs del Instituto Espill

    Abcsexologia.com -> Comunidad de Sexología 2.0

    Sadomasoquismo -> Blog de Sadomasoquismo

    Infoabu.es -> Información y Orientación sobre Abusos Aexuales a Menores

    Intituto Espill -> Consulta Clínica