Masturbaciones diferentes

masturbaciones-diferentesDebido a las diferencias anatómicas de los genitales masculinos y femeninos, la masturbación no se efectúa igual entre unos y otras.

Afortunadamente, la creencia de que la masturbación es una actividad exclusiva del hombre está desapareciendo. Aun así, según diversas encuestas, es mucho menor el porcentaje de mujeres que se masturban. Se sabe que ellas tienden a realizar esta práctica más tarde que ellos y su auge se encuentra entre los 30 y 40 años de edad. Esto ha cambiado, pero la tardanza puede deberse a la represión sexual que la mujer ha sufrido a lo largo de la historia.

Muchos son los tópicos asociados con esta práctica, tantos y tan absurdos que ni siquiera los mentaremos en esta ocasión. Tan sólo diremos que, desde un punto de vista fisiológico y psicológico, la masturbación es completamente sana. El devenir masturbatorio en la vida de una persona, dependerá −entre otras cosas− de sus necesidades y de su estado en cada fase de su vida. Por lo tanto, es posible que para alguien, la pubertad marque su auge masturbatorio, que disminuya en la edad adulta, y que llegue a tener un aumento gradual durante la vejez.

En cualquier caso, las posibilidades y los beneficios que se pueden obtener −además del placer− son diversas. Hay, por ejemplo, casos de estrés laboral o de situaciones personales para los que la masturbación puede ser una vía para la liberación de tensiones. Cuando alguien se masturba puede simplemente emplear su imaginación y sus propias fantasías. También puede en ocasiones apoyarse en el material erótico o pornográfico que tenga disponible. En los varones la tendencia es centrar la atención en la estimulación del pene, y si acaso del escroto. En las mujeres, en cambio, la estimulación puede combinarse entre el clítoris y la vagina. Puede además −como ya sabemos tras nuestro viaje por las zonas erógenas− incluir caricias en los pechos, el cuello, las nalgas, los muslos…

Para masturbarse es importante aprender a relajarse, a fantasear, a combinar distintas caricias, a acelerar o disminuir la intensidad, a adoptar distintas posturas… Eso sí, si deseas masturbar a tu compañero o compañera necesitarás de una mayor pericia, y de ello hablaremos mañana. De momento, puedes contarnos ¿qué lugar ocupa la masturbación en tu vida sexual?

M. Pérez, J. J. Borrás y X. y Zubieta

Contenido proporcionado por: Sexólogos Valencia y Psicólogos Valencia
Publicado en elmundo.es. Ilustración: Ricardo Fumanal

Miedo al placer

Miedo al placerEl otro día en consulta, un hombre con bastante atractivo físico, al que su mujer reprochaba los escasos encuentros amorosos, justificaba su resistencia al contacto: “En mi casa no teníamos costumbre de tocarnos, nunca he visto a mis padres darse un beso”. El guapo chico tenia ese aire de “ser asexuado” que podemos intuir en algunas personas. ¿No lo habéis percibido? Fijaros y veréis cómo hay gente que parece totalmente falta de atractivo erótico, volcada hacia dentro y muy temerosa del placer…

Es una pena que no puedan disfrutar del contacto de los besos, de las caricias y del sudor compartido. Es triste que un intercambio de fluidos, les parezca peligroso, incomodo, molesto o innecesario. Desde aquí lanzamos una llamada al placer y al disfrute sexual. Igual que los cocineros revindican el placer del gusto, nosotros también apostamos por el sexo, que abarca muchos placeres a la vez: el de la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto.

Y si eres de los melindrosos/as, temerosos/as, nunca es tarde para darte una oportunidad. Hasta puedes empezar contigo mismo. Explora tus gustos, date permiso para dejar volar tu imaginación. Cada uno tiene sus deseos, como decía Havelok Ellis, sexólogo del siglo XIX: “No todo el mundo tiene las mismas preferencias sexuales que usted y sus amigos y vecinos; y ni siquiera puede estar seguro de que sus amigos o vecinos tienen las mismas que usted”. Todas las variaciones son aceptables siempre que encuentres con quién compartirlas sin dañar al compañero/a ni a ti mismo.

No queremos hacer proselitismo sexológico, pero me gustaría compartir con vosotros pequeñas recetas porque ¿hay algo que se parezca más al sexo que la cocina?. La que proponemos aquí es muy fácil y se puede hacer en solitario o acompañado. Tan fácil como tocarse, pasar los dedos suavemente por distintas partes del cuerpo. Puedes empezar por los brazos, la nuca, el cuello, la cara, la cabeza o las orejas. Y no vale decir que no sientes nada, que es imposible no sentir. Sencillamente escucha a tu cuerpo y distingue los matices.

Por X. Zubieta, J. J. Borrás y M. Pérez

Publicado en elmundo.es

Un viaje de placer

Viaje-placerImaginad el placer de tocar, palpar y descubrir aquello que realmente nos excita, aquello que nos hace estremecer, vibrar y sentir… Sentir profundamente, inequívocamente. Más que imaginarlo, quizás, proponemos evocarlo.

Sugerimos un viaje táctil por nuestro cuerpo para conocer -o reconocer- nuestras propias zonas erógenas. Ampliamos la invitación para que además seamos capaces de identificar las de nuestro compañero o compañera. En realidad, el trabajo en equipo suele ser el más fructífero y agradable. Por lo tanto, puede tratarse de una exploración tanto individual como de pareja. Conlleva un proceso paulatino que, en sí mismo, suele resultar enriquecedor y sumamente placentero.

Es un viaje en el que a partir del sentido táctil iremos descubriendo toda una serie de experiencias hasta ahora desconocidas. Más que contar con un mapa, lo iremos dibujando y éste dependerá claramente de nuestra aventura.

En el itinerario dejaremos fuera esas tendencias cuasi-mecánicas; aquellas vías rutinarias, carentes de imaginación y desprovistas de conciencia.

Podemos iniciar nuestra búsqueda de sensaciones escondidas, prácticamente, en cualquier parte del cuerpo. Si al realizar el viaje intentamos mantener una actitud libre —carente de prejuicios y llena de confianza—, tendremos la oportunidad de descubrir zonas del cuerpo que excitan, provocan y causan placer.

El contacto y la estimulación de la piel ofrecen uno de los mayores componentes de la actividad sexual. Las claves, para empezar, llegarán por las manos. Además de emplear las manos como principal vehículo, nuestros labios, lengua, dientes e incluso el aire que exhalamos —por mentar algunos- nos ayudarán a recorrer el territorio en cuestión. Si la piel tiene un idioma, éste es el de la ternura sensual. La piel percibe otros lenguajes: el de temperaturas, texturas, tersuras y vibraciones. Por sí solos o en conjunto, cada uno de éstos es capaz de disparar la más variada y excitante gama de sensaciones sexuales.

Por X. Zubieta, J. J. Borrás y M. Pérez

Publicado en elmundo.es

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