Eyaculación precoz: El tiempo ideal para el coito

Recientemente se publicaban en el “Journal of Sexual Medicine” los resultados de un interesante estudio realizado por los doctores Eric Corty y Jenay Guardini. El objetivo era cuantificar la opinión de terapeutas sexuales expertos con respecto a las latencias eyaculatorias intravaginales (duración del coito).

Los expertos debían contestar qué duración consideran “adecuada”, “deseable”, “demasiado corta” o “demasiado larga” para el coito. Al contar con esta información, según los investigadores, el público en general podía comparar sus propias percepciones y opiniones acerca de la duración ideal del coito.

Para realizar el estudio seleccionaron una muestra al azar de miembros de la Sociedad para la Investigación y la Terapia Sexual (Society for Sex Therapy and Research) en Estados Unidos y Canadá. Entonces les pidieron definir el tiempo en cada una de cuatro categorías.

Los resultados que se obtuvieron muestran que las siguientes opiniones de los terapeutas sexuales en cuanto a la duración: “Adecuada”: entre 3 y 7 minutos. “Deseable”: entre 7 y 13 minutos. “Demasiada corta”: entre 1 y 2 minutos. “Demasiado larga”: entre 10 y 30 minutos.

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Sexo, menopausia y climaterio

sexo y menopausiaSe denomina menopausia al momento en el que definitivamente cesa la menstruación y climaterio al periodo anterior y posterior a la presentación de la menopausia, con una duración que oscila entre 5 y 15 años. En el lenguaje cotidiano ambos términos se utilizan indistintamente en referencia a lo que en realidad corresponde al climaterio. La menopausia se presenta a una edad aproximada de 50 años, si aparece antes de los 40 años hablamos de menopausia precoz y de menopausia tardía cuando se retrasa hasta después de los 55.

En el inicio del climaterio los ovarios gradualmente dejan de producir las hormonas femeninas: estrógenos y progestágenos. Además, los períodos menstruales primero comienzan a ser irregulares y luego cesan definitivamente. Esta modificación de los niveles hormonales puede provocar distintos cambios en su organismo.

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Con o sin penetración

con o sin penetraciónCuando la mayoría de la gente habla de sexo se está refiriendo al coito. Es bastante común creer que el sexo consiste simplemente en el contacto genital, una relación de la cintura para abajo.

Conductas tales como la masturbación, el sexo oral o las caricias suelen ser consideradas como un añadido más que como una parte esencial en las relaciones sexuales. Incluso, el concepto de los juegos preliminares sugiere algo parecido a lo que ocurre en el concierto de una gran estrella: La gente está deseando que desaparezcan los teloneros y que empiece el espectáculo.

Entre las personas que acuden a terapia sexual hay muchas que creen que el sexo se circunscribe a la penetración debido a que el modelo sexual imperante entiende que practicar el sexo es realizar el coito. Con esta premisa, la anticipación y las expectativas de esta práctica pueden ser desmedidas. Esto puede conducir tanto a frustración como a insatisfacción sexual, pero también a la evolución de ciertas disfunciones sexuales, especialmente en parejas que llevan juntos mucho tiempo.

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Ser homosexual

HomosexualHomosexual, lesbiana, maricón, tortillera, gay… y muchos otros epítetos se utilizan para definir, y –en la mayoría de las ocasiones– descalificar a una persona o a un ‘colectivo’. Aun cuando no se trate de claros insultos con intención de ofender, en nuestro lenguaje cotidiano suelen aparecer expresiones en tono jocoso –como inocentes bromas–, pero que pueden no ser así percibidas por nuestros interlocutores. Con una sonrisa forzada, quien con nosotros está, puede estar sintiendo una vez más la punzada del estigma en su estómago.

Sí, con frecuencia es cierto aquello de que no hay broma inocente. Sin darnos cuenta encapsulamos en una sola palabra toda una actitud de nuestra sociedad. Expresamos la intolerancia, la irreverencia a las diferencias que todavía nos caracterizan como grupo social.

En este testimonio −real como la vida misma− se percibe la angustia cotidiana que tienen que vivir muchas personas por su orientación sexual: “Mi padre ya está mayor, tiene sesenta y pico años; vivo con él, lo cuido y siempre está diciendo que habría que matar a los maricones. Eso a pesar de que hace cuatro años en el pueblo se dijo que yo era maricón y se montó un follón porque mis tíos me rechazaron y mi hermano dijo que lo mejor para mí era comprar un piso en la ciudad para que en el pueblo no se hablara más. Desde entonces estoy tomando medicación para la depresión y estoy fatal del estómago, tengo frecuentes descomposiciones…”.

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Ni sordos, ni mudos

Las relaciones sexuales alcanzan una mayor plenitud cuando consiguen conjugar una serie de formas de expresión. El ser humano es un ente complejo e incluso sofisticado en muchas cuestiones. Su sexualidad lo sitúa en un plano completamente distinto en el reino animal. John Money − prestigioso sexólogo del hospital John Hopkins− decía que los humanos no somos robot hormonales como los animales. Afirmaba que en las personas son fundamentales el conocimiento y los afectos. Nuestra sexualidad es un buen ejemplo de la complejidad de nuestra especie.

El lenguaje nos diferencia incluso de los primates más próximos, con quienes compartimos la mayoría de nuestros genes. Nuestra extraordinaria laringe nos permite hablar y articular sonidos complejos. Sin embargo, esa maravillosa expresión no siempre está presente en el encuentro erótico. A fuerza de negar el placer sexual −y avergonzarnos de ello− nos hemos quedado mudos. A muchas personas les avergüenza la vista y tienen relaciones a oscuras. También hay otros tantos a quienes les avergüenzan los sonidos y tienen relaciones mudas.

Por otra parte, la charla erótica puede emplearse como herramienta para seducir y provocar excitación. Las frases sexuales permiten comunicarse sexualmente. Posibilitan expresar exactamente lo que se desea, así como nuestras preferencias. Esto, en sí mismo, contribuye a mantener —e incluso aumentar— el grado de excitación.

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A propósito del deseo sexual

deseo SexualTodos podemos pasar por etapas de menor interés sexual. Clínicamente, se considera ‘falta de deseo sexual’ cuando el problema se hace persistente y recurrente. En concreto, se manifiesta en la dificultad para iniciar o responder al deseo de actividad sexual en la pareja.

Se le llama deseo sexual inhibido primario cuando la persona nunca ha sentido mucho deseo o interés sexual. Y deseo sexual inhibido secundario cuando se manifiesta tras un periodo en el que sí ha existido interés sexual. Se conoce como deseo sexual generalizado cuando no existe interés sexual hacia ninguna persona ni circunstancia. Y situacional, si no aparece interés por la pareja, pero sí por otras personas —o por el autoerotismo—.

A veces, simplemente hay una discrepancia en los niveles de interés sexual de la pareja, sin que —por ello— exista deseo sexual inhibido. Por ejemplo, una persona muy activa sexualmente puede creer que su pareja tiene falta de deseo sencillamente porque no puede seguirle el ritmo.

La queja sobre la falta de deseo sexual es muy común. Una de las causas más frecuentes es el alto grado de estrés a que las personas se ven sometidas en su vida cotidiana. Planifican todo —menos el disfrute sexual y los ratos de intimidad—. Cuántas veces la pareja comenta que su vida es tan agotadora que ¡no encuentra el momento!

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Doméstica sexualidad

Doméstica SexualidadLas mujeres que trabajan suelen quejarse de su agotadora jornada, dentro y fuera de casa. Expresan su desilusión al ver cómo el ‘príncipe encantador’ del noviazgo, se convierte en el ‘ogro egoísta’, que de ella espera servicio doméstico –como el que recibía de su madre–. Pasa así, de ser la amante consentida, a ocupar el lugar de la madre responsable de las tareas domésticas. Esto suele tener efectos secundarios, y es que la princesa después de recoger la cocina y dormir a los niños –y ante la perspectiva de madrugar–, no está para tonterías eróticas y mucho menos si el príncipe se ha caído del pedestal.

Por otro lado él, en muchas ocasiones acostumbrado a los mimos de mamá —a tener la comida preparada y en la mesa, la casa limpia, la ropa lavada y planchada por arte magia…—, se siente abrumado y confundido. Ve que de pronto se encuentra ante tantos requerimientos —comprar, planchar, limpiar, fregar…— que 24 horas al día no son suficientes para cumplir con todo. Dicha situación se complica aún más cuando las obligaciones se multiplican con la llegada de niños.

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¿Quién dijo virgen?

quien-dijo-virgenLa virginidad de la mujer, cómo no, ha estado provista de un misterio sin igual. Ha sido causa de un gran número de malentendidos y motivo de mitos y leyendas. También ha producido un sinfín de víctimas y atrocidades en la historia de la humanidad.

¡Cuánto peso ha tenido en nuestra cultura la pretensión de que la mujer llegara virgen al matrimonio, llueva, truene o relampaguee! Fatiga sentimos tan sólo de escribirlo. Conscientes de que vivimos a principios del siglo XXI, nos abruma descubrir que todavía puede ser un tema de interés. En los años 70 se oía aquello de: “La virginidad es una enfermedad ¡Vacúnate!”. Y en el 2006 se oferta cirugía reconstructiva del himen. El caso es dogmatizar; obligar con la norma; que no se pueda elegir. Por lo visto las usuarias de la cirugía, son mujeres con necesidad social de establecer un matrimonio, basado en este condicionamiento ancestral. Parece mentira que todavía haya gente pendiente de dichosa membrana.

Sin lugar a dudas, la virginidad es −sobre todas las cosas− un concepto. Y resulta necesario −a estas alturas de la historia− revisarlo de cabo a rabo. Está tan cargado de ideas y creencias erróneas, juicios morales y de valor, prejuicios y malentendidos, que todo lo que comentemos al respecto será poco.

Por otro lado, si partimos de la base de que para muchas personas la virginidad equivale a un himen intacto ¡Hecha la ley, hecha la trampa! ¿Quién ha dicho que para ser virgen hay que abstenerse de prácticas sexuales? (Os referimos a nuestro texto sobre el sexo anal, entre otras posibilidades de placer sexual).

Un himen intacto es −en muchos casos− algo más teórico que práctico. Hay mujeres que −según este concepto− nunca han sido vírgenes. La razón de ello es que han nacido sin himen −o con un himen muy incipiente o muy amplio, según lo miremos; es decir, un himen muy delgado o muy abierto, casi imperceptible−.

Cada vez nos llegan más testimonios de mujeres que no han sangrando en su primera vez. Nosotros pensamos que si la mujer está relajada, si desea —y no teme− la penetración, y, sobre todo, si su cuerpo está preparado por un adecuado preámbulo amoroso −lo que supone una buena lubricación y dilatación vaginal− cabe la posibilidad de que la mujer no sangre, o sangre muy poco, salvo contadas excepciones.

Nos gustaría mucho conocer vuestras experiencias y opiniones sobre este tema, del que —en nuestra opinión− se habla más de lo que se sabe.

M. Pérez, J. J. Borrás y X. y Zubieta

Contenido proporcionado por: Sexólogos Valencia y Psicólogos Valencia
Publicado en elmundo.es. Ilustración: Ricardo Fumanal

Bloqueo erótico

bloqueo-eroticoLos sexólogos William Masters, Virginia Johnson y Robert Kolodny presentaron una relación de algunas de las formas que suelen bloquear el erotismo. Nosotros las hemos revisado y ampliado, de acuerdo con nuestra experiencia clínica:

  • La costumbre de tener relaciones sexuales “sólo en el momento oportuno”. Si es sábado por la noche toca; incluso había una refrán de la España de la posguerra que ilustra este punto: Sábado sabadote, camisa limpia y polvote.
  • La falta de privacidad —ayer hablamos sobre ese tema, a propósito de donde tener relaciones—.
  • Los límites que imponen el tiempo y el cansancio, al no ser capaces de incluir en nuestra “agenda” los encuentros eróticos. Muy importante reservar nuestro tiempo para las relaciones afectivas y sexuales.
  • Asumir total responsabilidad de la relación: “El placer del otro depende solamente de mí”. Cada uno debe ser responsable de su propio placer y de comunicarle a la pareja sus preferencias.
  • En el extremo opuesto está el no tener al otro en consideración: “Voy a la mía y no me preocupa compartir“. Si la falta de empatía entorpece cualquier relación, en el terreno sexual es ésta determinante.
  • Tomar una actitud de enfrentamiento ante la relación sexual, en lugar de disfrute de la misma. Cuántas personas van a la cama como a un campo de batalla o a un examen. No hay nada más triste.
  • La creencia de que ya se pasó la época del disfrute sexual: “La satisfacción sexual es sólo para gente joven y atractiva”. Para nada, una mano es una mano, aunque esté arrugada, y las caricias siempre son caricias.
  • Pensamientos lejanos, distracciones o preocupaciones durante el acto sexual: “Hay que llevar el coche al taller…”. “El techo necesita una mano de pintura…”. Aquí la cosa va muy mal; hay que ir aprendiendo a controlar los pensamientos intrusivos.
  • Estar enfadado con la pareja sin comunicárselo, pero actuando destilando malestar. La típica respuesta de: “A mí no me pasa nada”, poniendo una cara que dan ganas salir corriendo. Si se está disgustado o disgustada se comenta, los dobles mensajes son dañinos.

Estos elementos bloqueadores del erotismo pueden llegar a ser severos y entonces se instalan las disfunciones sexuales. Es decir, los problemas persistentes que alteran de modo negativo el deseo, la excitación o el orgasmo o la eyaculación. Entonces viene el sufrimiento y se tiene que recurrir al sexólogo. No es que no queramos que vengáis a consulta, pero preferimos que disfrutéis y os encontréis bien, nosotros seguiremos trabajando en información, educación y orientación sexual, para prevenir estos problemas.

M. Pérez, J. J. Borrás y X. y Zubieta

Contenido proporcionado por: Sexólogos Valencia y Psicólogos Valencia
Publicado en elmundo.es.
Ilustración: Ricardo Fumanal

Sexo en condiciones

Mientras leemos y sana −que de eso se trata− debemos considerar: dónde, cómo, cuándo y esto, seguramente habrá personas manteniendo relaciones sexuales en algún lugar ¿Qué hay de extraño en ello? Nada, pero para expresarnos sexualmente de forma satisfactoria con quién vamos a tener relaciones sexuales.

Son cuestiones tan simples que en ocasiones pasan desapercibidas. Podemos preguntarnos:¿El lugar donde tengo relaciones cumple las condiciones adecuadas para sentirme a gusto? ¿Puedo mejorarlo?

En referencia al cómo: ¿Me siento realmente cómodo o cómoda con mis relaciones o me resultan aburridas y no las disfruto? Para el cuándo: ¿De verdad procuro satisfacer mi deseo todo lo que puedo, o me ciño a la misma rutina sin importar si me apetece?

Aunque parezca increíble, tenemos que preguntarnos con quién: ¿Estoy con la persona que deseo? Muchos problemas sexuales se producen debido a una elección inadecuada de pareja. Si la persona que tenemos a nuestro lado no es objeto de nuestro deseo, las cosas se pueden complicar mucho.

Al hablar de ‘objeto de deseo’ no nos referimos a ningún estereotipo de belleza. El atractivo sexual es misterioso y particular. Se dan casos de personas con parejas muy atractivas que tienen amantes aparentemente menos agraciadas, pero que les resultan infinitamente más atractivas ¿Cuestión de química?

Si acaso ‘no hay nadie en nuestro horizonte’, ¿soy capaz de darme satisfacción a mi mismo? Es muy importante incidir en esta cuestión. Algunas personas salen a la ‘caza’ de parejas que les proporcionen orgasmos. Mantienen relaciones con gente que no resulta de ningún interés para ellas. Esto suele terminar en encuentros frustrantes e incómodos.

Cuando se establece una buena relación con uno mismo y se es capaz de proporcionarse placer, no es necesario salir a la caza. Luego, cuando se tiene un encuentro llega a ser más satisfactorio. Será éste producto de la elección −¡y no de la apremiante necesidad de descarga orgásmica!−. Prestar atención a estas cuestiones favorece nuestra salud sexual y potencia el disfrute ¿Siempre has tenido en cuenta dónde, cómo, cuándo y con quién disfrutar del placer sexual?

M. Pérez, J. J. Borrás y X. y Zubieta

Contenido proporcionado por: Sexólogos Valencia y Psicólogos Valencia
Publicado en elmundo.es. Ilustración: Ricardo Fumanal
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