Doméstica sexualidad

Doméstica SexualidadLas mujeres que trabajan suelen quejarse de su agotadora jornada, dentro y fuera de casa. Expresan su desilusión al ver cómo el ‘príncipe encantador’ del noviazgo, se convierte en el ‘ogro egoísta’, que de ella espera servicio doméstico –como el que recibía de su madre–. Pasa así, de ser la amante consentida, a ocupar el lugar de la madre responsable de las tareas domésticas. Esto suele tener efectos secundarios, y es que la princesa después de recoger la cocina y dormir a los niños –y ante la perspectiva de madrugar–, no está para tonterías eróticas y mucho menos si el príncipe se ha caído del pedestal.

Por otro lado él, en muchas ocasiones acostumbrado a los mimos de mamá —a tener la comida preparada y en la mesa, la casa limpia, la ropa lavada y planchada por arte magia…—, se siente abrumado y confundido. Ve que de pronto se encuentra ante tantos requerimientos —comprar, planchar, limpiar, fregar…— que 24 horas al día no son suficientes para cumplir con todo. Dicha situación se complica aún más cuando las obligaciones se multiplican con la llegada de niños.

Por tanto, no es de extrañar que muchos de los problemas de deseo sexual inhibido —tanto en ellas como en ellos— se encuentren asociados a lo que hemos llamado ‘conflicto de rol’. Y es que ahora el hombre no es el único que aporta dinero a la familia y vuelve al hogar con el espíritu del guerrero que busca descanso y admiración. Ahora las mujeres también tienen ocupaciones socialmente admirables —Aunque para nosotros el más admirable es el domestico-.

Recordamos la historia de un médico con problemas de eyaculación precoz, que anhelaba la admiración de su pareja -también médico con una responsabilidad, un sueldo y un cargo superior a él-. Recordaba este hombre, cómo su madre estaba siempre pendiente de su padre -médico de pueblo- y con que diligencia y cuidado se ocupaba de él. Este deseo es comprensible, entendemos a que todos y todas nos gustaría que nos cuidara la abnegada y eficaz ama de casa, pero su mujer no estaba dispuesta, ni tenía por qué cumplir ese rol. Se supone que era un matrimonio equitativo: los dos trabajaban fuera, los dos tenían que compartir el cuidado de la casa y de los hijos. Resultado: Por parte de ella, frustración por la escasa aportación de él a las exigencias domesticas y parentales. Por parte de él, ansiedad, grandes inseguridades en la cama -que es donde se lidian muchos conflictos- eyaculación precoz, conducta de evitación y problemas de deseo.

Debemos considerar que entre los factores más estresantes se encuentra el casarse o irse a vivir con la pareja. La vida doméstica tiene sus condicionantes y la teórica equidad de género —en la que hombres y mujeres, comparten derechos y obligaciones— funciona más de puertas para fuera, que en la intimidad del hogar. Y que todo esto tiene una gran influencia en la cama.

Mientras que es posible que en otros aspectos se note más la igualdad entre los sexos, en el ámbito doméstico esto sigue pareciendo una utopía ¿Coincide esto con tu experiencia? ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación?

Autores: Dra. María Pérez Conchillo, psicóloga clínica y sexóloga; Dr. Juan José Borrás Valls, médico sexólogo y psicoterapeuta; y D. Xud Zubieta Méndez, psicólogo sexólogo. Profesionales del Instituto de psicología sexología y medicina sexual Espill.

Ilustración: Ricardo Fumanal

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