¿MUJERES ÁRABES LUCHANDO POR LA SEXUALIDAD?


¿Estamos viviendo una involución en la sexualidad? Es la primera pregunta que me surge después de leer noticias publicadas en los medios de comunicación, más propias de siglos pasados que del actual siglo XXI, como que en algunos países censuran sms privados con carga erótica; vigilan parques y otros sitios públicos para evitar que las pareja den muestras de cariño (besos o caricias propias de parejas enamoradas); multan por darse un beso en público (aunque sea en la mejilla); permiten publicar noticias con grandes titulares sobre sexo sólo por el morbo, sin obligar a que los periodistas sean objetivos; altos mandatarios hablan de la homosexualidad como si fuera una enfermedad o la causa de la pedofilia; etc. Sin embargo, el otro día cayó en mis manos un reportaje esperanzador sobre un programa de televisión: “Kalam nawaem”.

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Ser homosexual

HomosexualHomosexual, lesbiana, maricón, tortillera, gay… y muchos otros epítetos se utilizan para definir, y –en la mayoría de las ocasiones– descalificar a una persona o a un ‘colectivo’. Aun cuando no se trate de claros insultos con intención de ofender, en nuestro lenguaje cotidiano suelen aparecer expresiones en tono jocoso –como inocentes bromas–, pero que pueden no ser así percibidas por nuestros interlocutores. Con una sonrisa forzada, quien con nosotros está, puede estar sintiendo una vez más la punzada del estigma en su estómago.

Sí, con frecuencia es cierto aquello de que no hay broma inocente. Sin darnos cuenta encapsulamos en una sola palabra toda una actitud de nuestra sociedad. Expresamos la intolerancia, la irreverencia a las diferencias que todavía nos caracterizan como grupo social.

En este testimonio −real como la vida misma− se percibe la angustia cotidiana que tienen que vivir muchas personas por su orientación sexual: “Mi padre ya está mayor, tiene sesenta y pico años; vivo con él, lo cuido y siempre está diciendo que habría que matar a los maricones. Eso a pesar de que hace cuatro años en el pueblo se dijo que yo era maricón y se montó un follón porque mis tíos me rechazaron y mi hermano dijo que lo mejor para mí era comprar un piso en la ciudad para que en el pueblo no se hablara más. Desde entonces estoy tomando medicación para la depresión y estoy fatal del estómago, tengo frecuentes descomposiciones…”.

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Doméstica sexualidad

Doméstica SexualidadLas mujeres que trabajan suelen quejarse de su agotadora jornada, dentro y fuera de casa. Expresan su desilusión al ver cómo el ‘príncipe encantador’ del noviazgo, se convierte en el ‘ogro egoísta’, que de ella espera servicio doméstico –como el que recibía de su madre–. Pasa así, de ser la amante consentida, a ocupar el lugar de la madre responsable de las tareas domésticas. Esto suele tener efectos secundarios, y es que la princesa después de recoger la cocina y dormir a los niños –y ante la perspectiva de madrugar–, no está para tonterías eróticas y mucho menos si el príncipe se ha caído del pedestal.

Por otro lado él, en muchas ocasiones acostumbrado a los mimos de mamá —a tener la comida preparada y en la mesa, la casa limpia, la ropa lavada y planchada por arte magia…—, se siente abrumado y confundido. Ve que de pronto se encuentra ante tantos requerimientos —comprar, planchar, limpiar, fregar…— que 24 horas al día no son suficientes para cumplir con todo. Dicha situación se complica aún más cuando las obligaciones se multiplican con la llegada de niños.

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Bloqueo erótico

bloqueo-eroticoLos sexólogos William Masters, Virginia Johnson y Robert Kolodny presentaron una relación de algunas de las formas que suelen bloquear el erotismo. Nosotros las hemos revisado y ampliado, de acuerdo con nuestra experiencia clínica:

  • La costumbre de tener relaciones sexuales “sólo en el momento oportuno”. Si es sábado por la noche toca; incluso había una refrán de la España de la posguerra que ilustra este punto: Sábado sabadote, camisa limpia y polvote.
  • La falta de privacidad —ayer hablamos sobre ese tema, a propósito de donde tener relaciones—.
  • Los límites que imponen el tiempo y el cansancio, al no ser capaces de incluir en nuestra “agenda” los encuentros eróticos. Muy importante reservar nuestro tiempo para las relaciones afectivas y sexuales.
  • Asumir total responsabilidad de la relación: “El placer del otro depende solamente de mí”. Cada uno debe ser responsable de su propio placer y de comunicarle a la pareja sus preferencias.
  • En el extremo opuesto está el no tener al otro en consideración: “Voy a la mía y no me preocupa compartir“. Si la falta de empatía entorpece cualquier relación, en el terreno sexual es ésta determinante.
  • Tomar una actitud de enfrentamiento ante la relación sexual, en lugar de disfrute de la misma. Cuántas personas van a la cama como a un campo de batalla o a un examen. No hay nada más triste.
  • La creencia de que ya se pasó la época del disfrute sexual: “La satisfacción sexual es sólo para gente joven y atractiva”. Para nada, una mano es una mano, aunque esté arrugada, y las caricias siempre son caricias.
  • Pensamientos lejanos, distracciones o preocupaciones durante el acto sexual: “Hay que llevar el coche al taller…”. “El techo necesita una mano de pintura…”. Aquí la cosa va muy mal; hay que ir aprendiendo a controlar los pensamientos intrusivos.
  • Estar enfadado con la pareja sin comunicárselo, pero actuando destilando malestar. La típica respuesta de: “A mí no me pasa nada”, poniendo una cara que dan ganas salir corriendo. Si se está disgustado o disgustada se comenta, los dobles mensajes son dañinos.

Estos elementos bloqueadores del erotismo pueden llegar a ser severos y entonces se instalan las disfunciones sexuales. Es decir, los problemas persistentes que alteran de modo negativo el deseo, la excitación o el orgasmo o la eyaculación. Entonces viene el sufrimiento y se tiene que recurrir al sexólogo. No es que no queramos que vengáis a consulta, pero preferimos que disfrutéis y os encontréis bien, nosotros seguiremos trabajando en información, educación y orientación sexual, para prevenir estos problemas.

M. Pérez, J. J. Borrás y X. y Zubieta

Contenido proporcionado por: Sexólogos Valencia y Psicólogos Valencia
Publicado en elmundo.es.
Ilustración: Ricardo Fumanal

La sexualidad como derecho humano

sexualidad-derechos-humanosEl XIII Congreso Mundial de Sexología celebrado en Valencia del 25 al 29 de Junio de 1997, que tuvimos el honor de presidir Juan José Borrás y María Pérez Conchillo, tuvo como lema ‘Sexualidad y Derechos Humanos’. Entre sus conclusiones destacó la Declaración de Valencia sobre los ‘Derechos sexuales humanos’. Esta declaración ha sido celebrada y reproducida por numerosas publicaciones científicas y sociales y fue aprobada por la Asamblea de la Asociación Mundial de Sexología (WAS) en el ‘XIV Congreso Mundial de Sexología en Hong Kong’ en 1999. La ‘Declaración de los Derechos Sexuales’ constituyó una de las referencias básicas del nuevo documento sobre salud sexual elaborado por un comité de expertos, a instancias de la OMS, en Guatemala en el año 2000.

En la esencia de los derechos sexuales está la definición de salud sexual tal y como fue propuesta por la Organización Mundial de la Salud en 1975: “Salud sexual es la integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor”. (OMS, 1975).

Esta visión de la salud sexual supone adoptar un criterio positivo respecto a la sexualidad humana; la finalidad de la asistencia prestada en ese sector debe ser el disfrute intensificado de la vida y de las relaciones personales y no meramente el asesoramiento y la asistencia relacionados con la procreación o las enfermedades de transmisión sexual.

Una concepción que contempla la sexualidad como una capacidad inherente al ser humano, que se expresa a lo largo del ciclo vital, respetuosa con las variantes sexuales existentes, rechazando cualquier conducta sexual que venga impuesta por la coacción, sea física, legal, moral o psíquica. En la organización del congreso de Valencia pudimos constatar lo importante que era hablar de derechos sexuales y la necesidad que había de reivindicarlos, cuando un catedrático de la República Popular China, que quería venir al congreso y al que se le había enviado una carta de invitación, nos dijo que en su país no se podía hablar de derechos sexuales… Y así en muchos otros países. Esto nos dio una idea de la persecución hacia todo lo que tenga que ver con el sexo que todavía existe en el mundo.

Quizá desde nuestra confortable Unión Europea, que aparece como el adalid del bienestar y las libertades, podemos creer que este tema nos es ajeno y que lo tenemos superado, pero no podemos olvidar que todavía seguimos encontrándonos noticias sobre mujeres víctimas de la violencia de género; y la incomprensión hacia las personas con orientación homosexual sigue siendo más frecuente de lo que podríamos suponer. ¿Qué opinas tú sobre este tema?

M. Pérez, J. J. Borrás y X. y Zubieta

Ilustración: Ricardo Fumanal

Fingir el placer

Silvia PérezLas relaciones sexuales son un lenguaje, una vía de comunicación, una forma de transmitir lo que sentimos, tanto el amor como el deseo, la pasión o la ternura se pueden decir con el sexo, hablemos el idioma que hablemos. Sí, la sexualidad es mucho más que placer, pero también es placer, eso no podemos obviarlo.

Tomando distancia de lo que implican las relaciones sexuales, muchas personas no entenderían que alguien pudiera fingir el placer en una relación sexual, sin embargo y dejando a un lado a actores, actrices, prostitut@s, son muchas las personas que fingen o han fingido alguna vez en sus relaciones sexuales.

Es posible que a estas alturas del post, sean much@s los que piensen que estamos hablando de fingir el orgasmo y es que a menudo se confunde el placer con el orgasmo, hasta el punto de pensar que una relación sexual sin orgasmo no ha sido placentera. La realidad es que pretendemos hablar de fingir el placer en general, también el orgasmo claro, pero no únicamente el orgasmo.

¿Qué hace que se simule el placer? Hay personas que fingen para que sus parejas se sientan satisfechas, para no herir su autoestima, otras por miedo a lo que puedan pensar de ellas, otras para dar la talla, otras para concluir una relación sexual que les aburre, no les gusta e incluso les molesta.

A pesar de lo que a priori podríamos pensar, son tanto hombres como mujeres las personas que fingen el placer en sus relaciones sexuales y es que en ocasiones vivimos la sexualidad como un examen en el que tenemos que dar la talla, estar a la altura de lo que se espera de nosotros y es esa presión la que hace que intentemos dar la imagen que pensamos que el otro quiere ver.

Mujeres y hombres con problemas de anorgasmia, personas que no logran disfrutar de sus relaciones pero temen hablarlo con sus parejas optan por simular el placer como forma de mantener una estabilidad en sus relaciones. Sin embargo en el intento de solución está parte del problema. Y es que cuanto más se finge, mayor es la dificultad para disfrutar, para afrontar el problema e incluso se corre el riesgo de acabar por convertir las relaciones sexuales en algo molesto.

Todos tenemos la capacidad y el derecho a gozar de nuestra sexualidad, ocultar el problema tras gemidos fingidos, equivale a renunciar a solucionarlo.

¿Has fingido en tus relaciones sexuales alguna vez? ¿Crees que te darías cuenta si tu pareja lo hiciera? ¿Y tu pareja se daría cuenta si lo hicieras tú? ¿Qué opinas de una relación sexual sin orgasmos?

Aldara Martos Palomeque

PLENITUD SEXUAL

Silvia PérezDicen que en la variedad está el gusto.

Si atendemos al desarrollo sexual, la edad a la que alcanzan la plenitud sexual los hombres ronda los 17-18 años, como media, mientras que las mujeres la consiguen a una edad más madura, entre los 35-40 años, como media.

Creo que la explicación la podemos encontrar, en biología, en la necesidad de perpetuar la especie y asegurar el cuidado de la prole: un hombre joven con frecuentes eyaculaciones (el período refractario, es decir, el tiempo que transcurre entre dos emisiones de semen, puede ser de varios minutos o incluso segundos) tendrá más probabilidades de fecundar a una mujer, a la que atraerá con mayor facilidad. En cambio, una mujer en su período menos fértil, podrá dedicarle más tiempo a la propia sexualidad cuando los hijos hayan abandonado el nido.

Ahora es el momento de plantearnos varias cuestiones como qué ventajas e inconvenientes podemos encontrar. Los hombres, conforme cumplen años, van ampliando el período refractario y con ello la necesidad imperiosa de eyacular pasa de ser una prioridad en la adolescencia (es frecuente oír “los chicos sólo piensan en el sexo”) a ser algo menos apremiante (el período refractario puede superar las 24 horas) y por ello dedicar más tiempo a satisfacer a la pareja con caricias, ternura, etc. Con respecto a la mujer, al no tener que dedicarle tiempo al embarazo y crianza, podrá dedicarse más a ella misma y a su pareja.

Con respecto a las desventajas debemos asociarlas más a la sociedad en la que vivimos que a la biología. Así, un hombre maduro que no alcanza erecciones con la frecuencia que recuerda de su juventud, puede considerar la posibilidad de padecer una disfunción eréctil e incluso entrar en depresión. En las mujeres, el culto a la juventud no hace sino dificultar que desarrollen su sexualidad plena en la medida que no dispongan de una pareja sexual a una edad madura. A eso hay que añadir que dada la tardanza en abandonar el nido de sus hijos y la falta de colaboración por parte de la pareja en las tareas domésticas, en aún demasiados casos, incluso cuando ambos trabajan fuera de casa, pueden contribuir al malestar de la mujer, mermando su salud sexual.

Afortunadamente, cada persona es única y conforme hablar de sexo va dejando de ser un tabú, los hombres pueden vivir una sexualidad más tierna (sin la presión de eyacular) encargarse, conjuntamente o no con una mujer, del cuidado de los hijos y las mujeres reivindicar que madurez no es sinónimo de asexualidad

Queramos o no, los hombres y mujeres somos diferentes no sólo anatómicamente hablando y vivir una sexualidad plena es importante.

¿Cuál es tu récord de eyaculaciones en un día y a qué edad? ¿Has experimentado reducción en el número de eyaculaciones con la edad? ¿Crees que tener un edad próxima a los 40 es un problema para ligar? ¿Ha variado tu apetito sexual con la edad? ¿Te han dejado por una mujer u hombre más joven que tú?

Cristina G.M.

Antes de llover, chispea. El líquido Pre-seminal

Son muchas las ocasiones en las que la sexualidad se ve envuelta de mitos y cuentos populares que poco tienen de veraces y lejos de ayudar a quien escucha, le confunden mucho más. Sin embargo, en honor a la verdad, debemos decir que otras veces la sabiduría popular nos da pistas sobre cuestiones referentes a la sexualidad, el tema que nos ocupa en este blog es uno de ellos y es que “Antes de llover chispea”.Silvia Pérez

El líquido pre-seminal es un compuesto segregado por las glándulas de cowper y como su propio nombre indica, precede a la expulsión del semen. A diferencia de la eyaculación, la expulsión del líquido pre-seminal no produce ningún tipo de sensación fisiológica por lo que no podemos saber cuando lo expulsamos, salvo que lo veamos. Se piensa que su finalidad es la limpieza de la uretra, recordemos que orina y semen comparten canal de salida al exterior. La idea es que este líquido neutralizaría la acidez de la orina que podría deteriorar la calidad del esperma. También se alude a que el líquido pre-seminal funcionaría como lubricante natural del pene.

En cuanto a la producción, esta puede variar muchísimo de unas personas a otras, mientras que algunos a penas lo perciben, otros llegan a sentirse molestos por el exceso de esta sustancia.

Independientemente de la cantidad y de su función, es importante conocer que el líquido pre-seminal, al igual que el semen puede ser una vía de transmisión de las llamadas ITS e incluso llevar consigo espermatozoides y producir, por tanto, un embarazo. Teniendo esto en cuenta, el popular “coitos interruptus” o la “marcha atrás” aparecen como prácticas poco seguras si lo que queremos es prevenir embarazos e infecciones de transmisión sexual.

Siguiendo con el símil inicial, es recomendable ponerse el chubasquero antes de que empiece a llover, porque como hemos visto, también nos podemos “mojar” por el “chispeo”.


¿Has usado alguna vez la marcha atrás? ¿Conoces a alguien que haya usado esta práctica y no le haya funcionado como esperaba? ¿Tienes una producción de líquido pre-seminal abundante?

José Bustamante

  • Otras webs del Instituto Espill

    Abcsexologia.com -> Comunidad de Sexología 2.0

    Sadomasoquismo -> Blog de Sadomasoquismo

    Infoabu.es -> Información y Orientación sobre Abusos Aexuales a Menores

    Intituto Espill -> Consulta Clínica