Manos arriba

Daniel Day-Lewis es alguien que hace un buen uso de sus manos a la hora de besar. Acaricia suavemente la cara de su compañera y luego toca su cabello. Él es un buen ejemplo de cómo las manos pueden incrementar el placer erótico del momento y que no debieran usarse éstas para inmovilizar a la otra persona o para someterla en una postura incómoda. Está comprobado que a muchas personas les gusta que jueguen con su pelo suavemente.Manos arriba

Tras décadas de mala prensa con respecto a las lacas pegajosas, hoy día existen productos capilares que aumentan la agradable sensación al tacto. Ha llegado la hora de que te atrevas a tocar el pelo y de que dejes de utilizar aquellos productos que alejan las manos del mismo.

¿Y los ojos? Una gran cantidad de gente suele besar con los ojos cerrados. No obstante, sugiero que al besar intentes abrir los ojos. Puede que al hacerlo te encuentres con una tierna y penetrante mirada que hace que el beso sea todavía más íntimo y placentero. Ésto a algunas personas les parece una tarea imposible −como el estornudar con los ojos abiertos−. Hay una creencia generalizada de que es necesario intentar bloquear el resto de sensaciones, pero el besar con los ojos abiertos es el equivalente sensual de hacer el amor con la luz encendida. Y si vas mantenerte besando durante horas en un bar semi-oscuro, es una buena idea que de vez en cuando eches un vistazo a tu bebida, tu cartera, tu maletín o tu bolso.

Por X. Zubieta, J. J. Borrás y M. Pérez

Publicado en elmundo.es

Bésame mucho

Besame muchoSegún declaran muchas mujeres, un hombre que besa mal parece estar pensando: ¿Cuándo pasaremos al paso dos? ¿Ha llegado ya el momento de tocar sus senos? Este tipo de hombre considera que el beso es el primer paso hacia un encuentro carnal. En contraste, alguien que besa bien percibe el beso como un placer en sí mismo. Besa como si nunca fuera a llegar a nada más con la otra persona y como si llevara años deseándolo. Quiere saborear cada instante. La paradoja es que esto lleva a que la otra persona se decida por el paso dos, por el tres, por el cuatro…

Lo primero que hay que saber en caso de duda es que es preferible ir despacio; que ese primer beso sea suave y lento. Aunque quieras demostrar que estás ardiendo en deseo, es mejor ser paciente: resiste al deseo de estampar tu cara bruscamente a lo Harrison Ford porque puedes producir un choque dental. Además, hay que recordar que es de vital importancia continuar respirando.

¿Y la lengua? Lo menos recomendable es emplearla como si buscases comida atrapada en las muelas de la otra persona. Esa no es tarea tuya. Para eso están los dentistas −tan hábiles a la hora de mantenernos inmóviles y con la boca completamente abierta mientras realizan sus exploraciones−.

Cualquier movimiento de la lengua debe implicar una acción acompasada, en la que ambas partes ofrecen la oportunidad de interacción. Puede que quieras parar de vez en cuando para tomarte un respiro; mientras, tus labios siguen pegados a los de la otra persona. Como cuando al bailar con tu pareja de repente te detienes y te quedas inmóvil durante un momento, esto aumenta la sensación de complicidad. No sugiero que la lengua de uno se quede pegada en la de la otra persona, ni tampoco lo opuesto, como tantas veces tantas veces hemos visto ejemplificado por Woody Allen en la gran pantalla.

Por X. Zubieta, J. J. Borrás y M. Pérez

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