Los afrodisíacos
27 mar 2008 Afrodisíacos, Blog Sexo, pareja, sexo

La búsqueda del placer puede ser la razón de ser de la vida de una persona (hedonismo) o sólo una de ellas y para obtenerlo existen los afrodisíacos.
Al actuar sobre los mecanismos eréctiles, la mucosa genital, ciertos receptores nerviosos, etc. surgieron como un método curativo contra la impotencia y el descenso del apetito sexual, para aumentar la descendencia o incluso para disminuirla al inhibir el deseo sexual cuando lo que se pretendía era derrotar al enemigo. En la actualidad su mayor difusión está asociada a la búsqueda del sexo por el sexo, es decir, en la obtención de placer superando límites, artificialmente.
Existen muchas clasificaciones aunque los podemos agrupar en dos categorías generales, los que actúan a nivel físico y los que lo hacen a nivel mental. Los primeros son sustancias químicas como fármacos, hormonas, etc. que actúan directamente en los centros nerviosos o en los genitales, mientras que los otros son mucho más asequibles, seguros, imaginativos y divertidos y se encuentran, en muchos casos, asociados al fetichismo.
Como “afrodisíacos físicos” tenemos sustancias que nunca deben consumirse sin la supervisión de un especialista porque pueden provocar graves trastornos e incluso la muerte como la Yohimbina, que es un alcaloide presente en el árbol africano conocido como Yohimba y en algunas plantas amazónicas; El polvo de las Cantáridas que son unos insectos coleópteros; El nitrito de amilo, que es un vasodilatador; Drogas como la cocaína, el éxtasis…; La raíz de Mandrágora que sorprende además por su enorme parecido con el pene humano; La zarzaparrilla que consumían los indios mejicanos y de la que en la actualidad se extrae la testosterona, etc. Sustancias que, en cantidades excesivas, tienen el efecto contrario como ocurre con el alcohol que deja de ser un desinhibidor y provoca una pérdida de erección, etc. Aquellas cuyas propiedades y efectos secundarios aún se desconocen, como ocurre con las raíces del Omuboro, etc.
Todos necesitan una predisposición, es decir, no son independientes de la imaginación y permiten abandonarse al sexo por el sexo al eliminar determinadas barreras físicas, aunque no despiertan otros sentimientos al ser sólo activadores sexuales.
Pero sin duda los mejores, si no existe un problema fisiológico que se deba tratar médicamente, son los “afrodisíacos mentales” porque nunca provocan una pérdida del control, son inocuos y nos permiten trabajar con la imaginación e incluso despertar, al contrario que los anteriores, sentimientos más allá del sexo por el sexo, como de cariño e incluso de amor. ¿Cuáles son? Todo depende de cada uno y la puerta está abierta a nuevas sugerencias, pero aquí veremos sólo algunos. Como vivimos en la era de la imagen, no me negaréis que todo lo que nos recuerde a los genitales puede hacernos imaginar, como por ejemplo unas fresas rojas bien maduras que recuerdan a unos pezones y a una sonrosada mucosa genital; unas buenas ostras y almejas que se asemejan a una carnosa vulva; unos plátanos y pepinos que parecen penes erectos. Por otro lado, una sugerente lencería acompañada o no por una buena película erótica o porno y la visión de unos juguetes sexuales; etc. Pero no debemos olvidar que disponemos de otros sentidos como el olfato, el tacto y el oído y así un perfume o esencia escogido con cuidado, la suavidad del terciopelo, la seda o la untuosidad de un aceite perfumado extendido por el cuerpo y una música acompañada de ciertas palabras, pueden provocarnos una gran excitación y por tanto un gran placer.
No me olvido del chocolate que hay quien lo considera, sobrevalorándolo, como el sustituto del sexo porque contiene sustancias que se comportan como neurotransmisores excitatorios y que pueden actuar tanto como un afrodisíaco físico como mental.
Para terminar, no debemos dejar de lado los afrodisíacos fruto de creencias populares que, sin mucho fundamento científico, pueden provocar la extinción de ciertas especies como los rinocerontes, por su cuerno que es triturado y consumido, la lagartija de manchas rojas que se introduce viva en una botella con alcohol que luego se bebe, o la foca macho y el castor cuyos genitales son ingeridos. O incluso problemas graves de salud, como los derivados de inyectarse productos obtenidos de ciertos animales e incluso trasplantarse partes como testículos de guerreros muertos en combate o de ciertos monos. La base de estas prácticas es la creencia de que la potencia sexual se puede transmitir.
El hedonismo, sin llegar a límites enfermizos de búsqueda del placer, puede ser muy saludable y la imaginación puede abrir muchas facetas amatorias que están ahí por descubrir y que pueden sorprendernos.
¿Conoces otros afrodisíacos a parte de los mencionados? Hay autores que sostienen que los afrodisíacos también pueden haber surgido para que la mujer desee el sexo por el sexo, más frecuente en los hombres, y no tanto por el binomio amor-sexo ¿estás de acuerdo con esta afirmación? ¿Cómo sería tu escenario ideal afrodisíacamente hablando? ¿Unas buenas viandas bien presentadas en la mesa te excitan? ¿Qué opinas de la extinción de especies por la obtención de afrodisíacos?
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La virginidad
20 mar 2008 Blog Sexo, Virginidad
Atendiendo al diccionario, la virginidad hace referencia a un estado de pureza, algo virgen es algo por explorar, sin alteraciones, puro, en su estado original. Pero lo que no ocupa es algo más abstracto, hablamos del concepto de virginidad desde un punto de vista sexual.

Y es aquí donde empieza la complicación, en general se considera que una persona es virgen cuando no ha mantenido relaciones sexuales, el problema es que para cada persona el concepto de relación sexual puede llegar a ser muy diferente.
Encontramos algunas personas que consideran la penetración vaginal como el punto en el que se deja de ser virgen, por lo que la masturbación en solitario o en pareja, el sexo oral y el sexo anal son conductas que pueden llevarse a cabo sin por ello dejar de ser virgen. Muchas personas considerarían que este tipo de conductas suponen también el dejar de ser virgen e incluso hay quienes de forma más radical consideran que el hecho de haber experimentado un orgasmo o besarse de forma apasionada son maneras de perder la virginidad.
Algunas culturas como la musulmana y la etnia gitana, para las cuales la virginidad antes del matrimonio es una cuestión cultural, signo de dignidad, pureza y honor. Pero eso sí, aunque se mencione la pureza masculina, no es ni por asomo tan importante e incluso se entiende que el hombre haya podido mantener relaciones sexuales previas al matrimonio, es en realidad la mujer la que debe ser virgen, la que debe preservar su pureza, su honra y su dignidad intactas para quien será su marido.
Durante siglos y todavía en algunos casos, la virginidad está asociada a la posesión del himen, que es una fina membrana que se encuentra en la entrada de la vagina. En las bodas gitanas y musulmanas todavía se lleva a cabo una prueba para cerciorarse de que permanece esta membrana que se suele romper en las primeras relaciones con penetración.
Sea como fuere, lo que si es evidente es que la virginidad es un concepto cultural que no posee una definición clara y más bien tiene que ver con los valores y creencias de cada uno.
Al final cada persona tenemos nuestra propia idea sobre lo que es o no es la virginidad y lo más relevante, cada persona le otorgamos un grado de importancia a este hecho. Y es que si en un extremo están quienes consideran la virginidad antes del matrimonio como algo fundamental, en el otro encontramos a quienes piensan que mantener relaciones sexuales antes del matrimonio es esencial, por aquello de conocer bien a la otra persona antes de dar un paso tan importante.
¿Qué es para ti ser virgen? ¿Qué grado de importancia le otorgas? ¿Es más importante la virginidad femenina que la masculina? ¿Conoces algo sobre las “pruebas” de virginidad?
Jose Bustamante Bellmunt
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SEXO EN FALLAS
13 mar 2008 Blog Sexo, Excitación, sexo
Fallas… ¿sexo?

Las Fallas tienen un punto sexual para mucha gente: el estruendo de una buena masclet que finaliza con una explosión de carcasas tan intensa que recuerda al clímax de un orgasmo y el olor a pólvora que impregna el ambiente, atrapándonos hasta el punto de retenernos como el olor de unos genitales bien lubricados. Todo ello aderezado con música de bandas y con la proximidad de la primavera que tanto nos “altera” y nos empuja a pasear por las calles bulliciosas buscando esa posible relación sexual tan tórrida como la misma crem de la falla ganadora.
Pero ¿qué hace que sean tan especiales? A parte de la innegable belleza de los monumentos de cartón piedra, del colorido de las calles iluminadas, etc., están acompañadas de días de vacaciones y por tanto de tiempo libre para dedicarlo a nosotros mismos.
Cualquier período vacacional es una excusa perfecta para aparcar nuestras preocupaciones diarias y disfrutar de la familia, de los amigos, de nuestras aficiones… y como no, de nuestra sexualidad. Podemos aprovechar la mañana, la siesta, la noche… porque el día cuenta con muchas horas para exprimir, aunque parece que pasan volando, y nos encontramos dispuestos a “vivir”. También es tiempo de amores muy intensos cuyo período de vigencia puede caducar cuando volvamos a nuestra rutina laboral, o no, e incluso de sólo encuentros sexuales aislados.
Al cabo de unos días nos toparemos con la vuelta a nuestro día a día monótono y con el temido síndrome postvacacional, pero ya nos preocuparemos cuando llegue y hasta entonces, a disfrutar, eso sí, con protección y cabeza.
¿Has ido alguna vez a las fallas? ¿Has vivido alguna aventura sexual durante las vacaciones? ¿o un amor inolvidable?
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